Hace dos días me monté en mi carro para ir a buscar a mi niño grande a casa de mi suegra, y como de costumbre me monté completamente segura de que sabía para donde iba. Resulta que cuando llegué a la salida que siempre tomo, estaba cerrada. En primera instancia dije, “yo se llegar porque se para dónde voy”, pero cuando seguí guiando me di cuenta de que en realidad estaba completamente perdida. Sabía dónde estaba, reconocía mi entorno, pero no sabía como llegar al destino, aunque sabía cual era ese destino. En ese momento, sabiendo donde estaba y para donde iba tuve que prender mi GPS porque no tenía ni idea de como llegar. Cuando lo prendí tomé una ruta TAN hermosa, la cual, a mí entender, no había tomado anteriormente. Me disfruté mucho el camino y entendí que,

aunque sepamos para dónde vamos, no necesariamente sabemos como llegar, y eso está bien…

            ¿Sabes porqué está bien? Porque si supiéramos el cómo, el cuándo y el dónde por nosotros mismos seríamos iguales a Dios, y eso es imposible. El único problema está en que en ocasiones queremos decidir que ruta tomar solo porque sabemos dónde estamos, para dónde vamos y porque reconocemos nuestro entorno. Más esos factores dictan solamente en lugar presente, y el destino, mas no muestran el camino. Y el camino es solo uno, el camino es Él. No se si antes alguien haya dicho cuán similar es el GPS al Espíritu Santo, metafóricamente hablando, claro está. Hay más de una forma de llegar a tu destino, no tengo duda de que llegarás, pero también se que hay caminos más largos, unos en los que te tocará “pagar peajes”, otros que te demorarás mucho más de lo debido, y otros tantos en los cuales te tocará virar una y otra vez hasta que por fin tomes la salida que te toca.  Una vez puse el GPS yo sabía que iba a llegar a mi destino, pasé por lugares que decía “ay, ¿no es por aquí?” pero confiaba y tenía la certeza de que ese bendito GPS sabía más que yo.

            El Espíritu Santo también sabe más que tú y que yo. Siempre recuerdo que mi mamá dice que el GPS a veces da unas rutas más largas, pero en realidad el GPS mira los accidentes, el tráfico, y todos los factores que pueden afectar tu camino, ¿acaso el Espíritu Santo no hace lo mismo? Somos hechos a imagen y semejanza de Dios, pero no somos Dios. Nuestro entendimiento, nuestro conocimiento y nuestras ideas son limitadas, Él es infinito. Tengo la certeza y la convicción de que, aunque yo se el destino que Él ha hablado de mí, aunque se donde Él me ha puesto hoy, quién único sabe el camino que tengo que tomar es ÉL, pues es Él quién único sabe los factores del camino… aquello que yo no puedo ver, Él ya lo ha visto. El camino que Él me envíe a tomar, con todas sus variables, es el camino perfecto y para el cual Él me ha dado toda la capacidad para caminarlo y atravesarlo, no necesariamente sin obstáculos, pero siempre con la victoria garantizada. Mientras guiaba podía ver claramente que Dios me estaba pidiendo que prestara atención al GPS de mi vida, podía entender que, aunque se para dónde voy, es él quien dicta como llegar, y que no importa cuánto yo pueda saber, Su forma siempre es la forma correcta.

            Resulta que el Espíritu Santo es tan GPS como tan Cruise Control… No solo te dice por donde ir, sino que dicta tu velocidad, a que distancia debes estar de otros, en que salida bajarte, te deja saber si te estás saliendo de tu carril y no te permite ser, en ninguna manera, ser influenciado por lo que esté pasando a tu alrededor.

El Espíritu Santo es el mejor piloto en una nave que no pudiésemos conducir por nosotros mismos. Querer llegar a nuestro destino sin su consejo es tan absurdo como querer ser pilotos de avión cuando solo hemos sido llamados a ser pasajeros…

            “’¡Bianca, que mucha metáfora!” Pues sí… Así lo pude ver más claro, quizás hoy tú también puedas entender que separado de Dios no puedes hacer nada. La palabra no se sustenta por si misma, la palabra la sustenta Dios y si tomas la palabra que Él te dio, pero te alejas de Él estás destinado al fracaso. Y fracaso es tener éxito en la vida, pero sin agradar al Padre. Y cada día entiendo más que no hay nada más aterrador que desagradar a nuestro Dios. Es cómo hacer todo el trabajo, pero no recibir la recompensa… No hay mejor recompensa a nuestra obediencia que provocar su agrado… Todo lo demás es pura añadidura…. Quizás no lo puedas ver, pero si algún día te encuentras con todo lo que deseabas y sintiéndote incompleto te aseguro que es porque no provocaste agrado a Dios.

            Hoy te invito a que invites al Espíritu Santo a tu vida. Reconoce Su persona, y esté atento a su voz para que no te toque pagar peajes, dar vueltas, perder la salida ni tomar un camino más largo… Invita al Espíritu Santo a ser tu GPS, para que no importa el camino que Él dicte, puedas provocar agrado a Dios

Busca su consejo… Prende el GPS… Déjate llevar…

Nos vemos en las letras…

Con cariño,

Bianca Paola.

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