Estaba sentada en la mesa de mi apartamento, con dos buenos amigos y mi esposo y entre una cosa y la otra comenzamos a hablar de algunas historias de mi vida, para ser más específica de mis años en la universidad.  Les conté detalladamente todas las veces que me cambié de concentración y de universidad. Narrando esa etapa de mi vida, hasta yo misma me asombraba de como fue. Aquí no les daré el detalle, pero si les puedo decir que fueron más de 3 cambios drásticos que hice.  Hoy, algunos años después puedo entender un poco más a esa jovencita que no sabía que rayos hacer, para donde caminar ni cómo hacerlo. 

         Estamos destinados al fracaso si no nos conocemos a nosotros mismos y si no somos capaces de escuchar nuestra voz.

Desde que tengo uso de razón, como les he mencionado anteriormente, amo escribir y todo lo que esté relacionado con las palabras, pero, al momento de escoger una carrera, al momento de tomar una decisión para mi vida, olvidé como sonaba mi voz y escuché todo lo que todo el mundo tenía que decir, excepto lo que yo tenía que decir. Ese detalle de no conocerme a mí misma me llevó años de frustraciones, temores, inseguridades y procesos sumamente difíciles.  Procesos que, sin lugar a duda, me hicieron crecer y madurar, pero se que son procesos que pudiese haber evitado sin tan solo hubiese tomado un ratito para escucharme, para saber que era lo que latía dentro de mí, en lugar de hacer lo que se suponía. ¿Por qué lo que se suponía? Porque crecemos escuchando los sueños de otros, las metas de otros, las aspiraciones de otros… Crecemos viendo panoramas ideales, pero porque le funcionó a otro no significa que te va a funcionar a ti. Caminar simplemente por los resultados de otro, sin tomar en cuenta el precio del camino, resultará en dejarte agotado, y posiblemente frustrado…  Y si no eres cuidadoso, de repente te encuentras caminando por lo que otro dijo, y por más que trates siempre te quedarás sin ganas cuando intentas vivir algo que no es tuyo para vivir. 

Si caminas por la convicción de otro, en el momento duro del camino te rendirás porque no tienes ninguna motivación propia para continuar. 

         Mi vida cambió. Encontrándome con Dios pude encontrarme conmigo. Para mí, encontrarme con Jesús fue encontrar mi frecuencia de vida y finalmente pude entrar en sintonía conmigo y pude recordar lo que siempre supe.  Luego de años de pasos en falso, hoy camino determinadamente en mi destino, lo que desde siempre ha estado escrito para mí… Por que sí, Dios tiene nuestro destino en sus manos y nos toca a nosotros ser sensibles a su voz para poder identificarlo.  Si hoy te encuentras en un punto decisivo de tu vida, si te encuentras en un lugar en dónde no sabes que hacer, no es suficiente con buscar tu propio consejo, ni siquiera es suficiente con buscar consejo con todos los que te rodeas… ¡No hay consejo más importante que el consejo de Dios! Y resulta que Dios te dirige para encontrar a esas personas cuyo consejo será guiado por Él para que puedas dar pasos firmes y certeros.  Cuando Dios es parte de las decisiones que tomas absolutamente todo cambia.

Años después de dar vueltas dentro de una cajita de falsas expectativas me detuve a escucharme. Los sueños que siempre tuve de pequeña, lo que parecía ser una tontería, lo que parecía pequeño, en eso está la grandeza… Entendí que la grandeza esta en un pequeño detalle: seguir tus sueños por más sencillos que parezcan, aunque pocos los entiendan y aunque nadie los valide, porque la grandeza no está en el sueño, la grandeza está en ti. Porque cuando caminas por tu propia convicción, cuando caminas sabiendo que es el plan de Dios para tu vida, no te quedas sin fuerzas porque Él las renueva y en la parte dura del camino no te rindes porque tienes muy claro porque comenzaste… En esas etapas cruciales de la vida, en las que se toman decisiones que determinan tu futuro, busca el consejo de Dios… ¡es la garantía de que tendremos buenos resultados!

Así que hoy, al terminar de leer, detente un instante y escucha Su voz para que puedas escuchar la tuya…

Nos vemos en las letras.

Con cariño,

Bianca Paola       

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