Hay días tan básicos, y sencillos que son simplemente perfectos. No se si les ha pasado, que de momento se encuentran haciendo algo común y corriente, como, por ejemplo, bañando a tus hijos, y dices “hoy ha sido un buen día”.  Ayer tuve uno de esos días y de ahí ha nacido este escrito.  

¿Qué se hace en el día bueno? Querido amigo y amiga que me lees, en el día bueno hacemos una carta en nuestro interior para leerla en el día no tan bueno… Y esto aplica en todas las áreas de nuestras vidas. En el día que nos sentimos como madres realizadas hacemos cartas para ese día que se nos fue la paciencia y nos ganó el sentimiento… Cuándo nos sentimos bellas, y que todo lo que nos ponemos nos queda hermoso, escribimos una carta para ese día en que mirarnos al espejo cuesta… Cuando nos sentimos con la fuerza del mar escribimos una carta para el día en que hasta el viento nos cansa… Y así vamos creando un archivo en nuestro interior el cual podemos ir y mirar en días difíciles para recordarnos que no somos nuestro momento más débil. Los días buenos son el mejor recordatorio de que nada dura para siempre.

Son tantos los momentos difíciles. Se en mi corazón que los días buenos y de felicidad son más, pero también se cuanto pesa un día muy duro. En los momentos difíciles siempre tenemos personas a nuestro alrededor que nos dan palabras de aliento y nos motivan, pero he aprendido que nadie tiene más poder sobre mí que yo. Pueden decirte todas las cosas más bellas del mundo, pero si el discurso en tu interior es todo lo contrario, acabarás por vivir aquello que llevas dentro, no aquello que simplemente escuchas. ¿Y quién, además de Dios, te conoce mejor que nadie? Se supone que la respuesta es tú mismo. Por eso es tan importante fortalecer tu relación con Dios, porque en Él está nuestra identidad, y solo conociéndole podemos conocernos. Una vez sabemos que es lo que nos gusta escuchar, que es lo que nos inspira y que es lo que nos quita las fuerzas, podemos ajustar nuestros pensamientos y ser nuestros propios aliados en lugar de auto mutilarnos. En el día duro tienes que ser tu mismo quien alumbre el camino. No es posible ser luz para otros y no poder iluminarte tú… Porque nadie puede dar de lo que no tiene. No es que no requieras apoyo de otros, o que no pueda haber personas alumbrando tu camino, claro que sí, pero hay áreas de ti que nadie puede ver y a donde nadie tiene acceso. Entonces, si tú mismo no puedes alumbrarte, ¿quién lo hace?  Y por eso es tan importante que en los momentos de felicidad y de plenitud saquemos un instante, y hagamos un “screenshot” de lo que estamos viviendo, para que eso nos sirva de recordatorio en el día duro.

Quizás hoy es un día duro para ti. Quizás hoy te falta inspiración, y te faltan ganas. Puede ser que hoy sea uno de esos días en que todo te ha salido al revés y por más que te has esforzado no has podido sonreír por dentro. Así que hoy te presto esta carta para recordarte que los días duros también pasarán y como dice la trillada frase, el sol siempre vuelve a salir… que estás bien porque en nada cambia el día duro quién eres en esencia, aunque en días así eres transformado y convertido en una nueva versión de ti. Espero que este escrito pueda ser un rayito de luz para que tu propia luz brille más fuerte y que puedas encontrar dentro de ti la fe para creer que el día duro, al igual que el día bueno, no es eterno porque hay tiempo para todo. Al fin y al cabo, si en el día duro aprendemos, crecemos y nos vamos formando, ¿no los hace días buenos también? 

Nos vemos en las letras…

Con cariño,

Bianca Paola

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